An Existential Issue

Updated: Apr 20

Reading about the mass shootings in Indianapolis, Atlanta, Boulder and California reminds me of the day in 2000 when middle school age children told me: Fear is the root of prejudice and distrust. It causes pain in the heart.

I thought I knew what they were talking about. For two decades I’d been working with adults to identify and address the negative attitudes and behaviors that fuel prejudice. I knew they were pervasive. Nevertheless, I found myself lost when thinking about what the children said. It all felt both profoundly real and dreamlike, as if they weren’t talking about us or me. And if they were, I didn’t know what to do about it.


In the following years, some children’s hearts, not the ones I knew, thankfully, not able any longer to hold the pain, exploded, causing them to become killers. Yes, children became killers, killing one another while the adult world watched. Like me in not knowing what else to do, the adults’ mode was to engage in continuing doing business as usual—creating boards and commissions, special studies, seeking gun control legislation—in an already polarized and doomed world run by special interests, the power of money, and the culture of celebrity. These are expressions that we think help us compensate for the pain we carry in our heart and whatever we fear we are missing out of life.


Still, a dim divine and ancestral light from time-to-time comes to shine upon us, and a public figure, here and there, talks about the heart as in—We must address the pain that fills us with a heart of stone instead of a heart of flesh. Ezekiel 11:19, a quote that testifies to the ancient roots of our quandary.


People around the world demonstrated, voicing their disgust at the extreme social inequalities and the devastating state of the environment caused by our negative attitudes and behaviors. No matter how much we politicized these issues, at their root they are caused by fear and the pain we hold in our hearts. The Covid-19 pandemic brought us to our knees bringing the human experience to its basics, but the fear and pain remains relentless as the mass shootings illustrate.


Acknowledging and honoring the pain in our heart helps us to release emotions from the past and open the gates of our soul. There we can access the moral compass and the wisdom that we today desperately know we need to illuminate our choices and actions.

I’ve learned that the only possible path to release the pain that fills us with a heart of stone instead of a heart of flesh is exercising and modeling personal responsibility. By this I mean that we in the adult world must become consciously vulnerable, acknowledging and honoring the fact that our options and actions are influenced by a heart that is burdened with painful ancestral unprocessed emotions in addition to those from our childhood.


Doing so stops us from perpetuating one of our most horrendous violent acts of self-destruction, passing our negative traits on to our children and robbing them of their own God-given wisdom.

Making this process an integral part of how we do business and live our lives allows us to navigate our journey compassionately, nurturing ourselves and others and helping the restoration of our mother earth and social systems.


Copyright © Aura Camacho-Maas – April 2021. All rights reserved.

Author of Uprooting Fear. Quaterfinalist in the Booklife NonFiction contest 2020

www.auracamachomaas.com

Spanish Version


Un Tema Existencial


Leer sobre los tiroteos masivos en Atlanta, Boulder and California me recuerda el día en 2000 cuando niños de 8 a 12 años de edad me dijeron: El miedo es la raíz del prejuicio y la desconfianza. Esto causa dolor en el corazón humano.

Al escuchar estas palabras yo pensé que sabía de qué estaban hablando. Durante dos décadas había trabajado con adultos identificando y abordando las actitudes y comportamientos negativos que dan raíz a los prejuicios. Sabía que eran omnipresentes. Sin embargo, al seguir pensando me sentí perdida. Encontraba que había en esas palabras algo profundamente real y simultáneamente soñador. Como si no estuvieran hablando de nosotros o de mí. Y si lo estuvieran, no sabía qué hacer al respecto.


En los años siguientes, los corazones de algunos niños, afortunadamente no los que yo conocía, no pudiendo aguantar más el dolor, explotaron y sus emociones los convirtieron en asesinos. Sí, los niños se convirtieron en asesinos, matándose unos a otros mientras el mundo adulto observaba. Al igual que yo, al no saber qué más hacer, los adultos continuaron tratando el tema ocupándose, como de costumbre, por ejemplo, creando juntas y comisiones, estudios especiales y tratando de legislar el control de armas. Todo esto en un ambiente condenado a la polarización y dirigido por intereses especiales y otras actitudes hacia el poder del dinero y el énfasis en la cultura de la celebridad. Todas estas expresiones que creemos que nos ayudan a compensar el dolor que llevamos en el corazón y todo lo que tememos que nos estamos perdiendo en la vida.


Aun así, una tenue luz divina y ancestral de vez en cuando llega a brillar sobre nosotros, y una figura pública, aquí y allá, habla sobre el corazón como en: Debemos abordar el dolor que llevamos en el corazón que lo hace de piedra y llenarlo de aquello que lo convierte en un corazón humano. Ezequiel 11:19, cita bíblica que da testimonio de las antiguas raíces de nuestro dilema.


Antes de la pandemia personas de todo el mundo salieron a la calle manifestando su dolor y angustia causados por las desigualdades sociales extremas y el estado devastador del medio ambiente causado por nuestro desmesurado consumo. En esta situación no importa cuánto politicemos estos problemas, en su raíz ellos son causados ​​por el miedo y el dolor que tenemos en nuestros corazones. Luego la pandemia de Covid-19 nos puso de rodillas y trajo la experiencia humana a lo básico, pero el miedo y el dolor siguen siendo implacables, como lo ilustran los tiroteos masivos.


He aprendido que el único camino a seguir es liberar el dolor que nos llena con un corazón de piedra en lugar de un corazón de carne. Y un buen comienzo es ejercitar y modelar la responsabilidad personal. Con esto quiero decir que nosotros, en el mundo adulto, debemos hacernos conscientemente vulnerables, reconociendo y honrando el hecho de que nuestras opciones y decisiones son influenciadas por la carga de dolor que llevamos en nuestro corazón de emociones ancestrales o de nuestra niñez no procesadas.


Reconocer y honrar el dolor en nuestro corazón nos ayuda a liberar emociones del pasado y abrir las puertas de nuestra alma. Asi entramos en contacto con el compas moral que hoy dia desesperadamente sabemos que necesitamos para que illumine nuestras opciones y acciones.

Uno de los beneficios de hacerlo es que ello impide que sigamos perpetuando uno de nuestros actos de autodestrucción más violentos y horrendos, el transmitir los aspectos negativos del drama humano a nuestros hijos despojándolo de su propia sabiduría dada por Dios.


Hacer de este proceso una parte integral de cómo nos ocupamos profesionalmente y como vivimos nuestras vidas nos permite navegar nuestro sendero con compasión, nutriéndonos a nosotros mismos y a los demás y ayudando a la restauración de nuestra madre tierra y de nuestros sistemas sociales.


Autora de Uprooting Fear y Finalista del Concurso de Booklife No Ficción 2020. www.auracamachomaas.com


Derechos de Autoría© Aura Camacho-Maas – Abril 2021. Derechos Reservados.

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